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Montevideo, Uruguay
Desde la teología hasta la programación, mi vida ha sido una búsqueda constante de patrones, lo que me lleva a entender la mente neurodivergente desde una óptica sistémica. Esta combinación me permite analizar el TDAH, las AA.CC. y el TEA desde la empatía y como sistemas complejos que requieren soluciones lógicas, creativas y tecnológicas. Mi formación en teología, salud y resolución de conflictos complementa una visión integral del ser humano, orientada a transformar la curiosidad insaciable en herramientas prácticas para la vida diaria.

miércoles, 6 de mayo de 2026

Mi Realidad entre el Conectar y Desconectar. Impermanencia TDAH


La permanencia de objeto y la ceguera temporal son rasgos frecuentes en neurodivergencias como el TDAH, trataré de explicarme desde la honestidad emocional que me inunda.

A veces, el mundo me resulta un lugar difícil de explicar. Para que mis niños —y quienes me rodean— puedan entender cómo funciono, necesito hablarles de un interruptor invisible que vive en mi mente: el botón de Pausa.

Mi cerebro gestiona la realidad de una forma particular. Existe algo llamado "impermanencia del objeto". Si algo sale de mi campo visual o de mi foco inmediato, corre el riesgo de dejar de existir en mi presente. Me pasa con cosas simples: una prenda de ropa que guardé con prisa y que, al cerrar el cajón, se borra de mi registro hasta que un día reaparece como un tesoro nuevo.

Pero lo que es fácil de entender con un objeto, se vuelve complejo con las personas y los sentimientos.

Cuando estoy con alguien, estoy presente al cien por ciento. Puedo beber un té lentamente, perder la noción de las horas en una charla profunda y sentir una conexión absoluta. Pero, al despedirnos, si el contacto físico o visual se interrumpe por meses, algo en mi interior presiona Pausa.

Esa persona no "muere" en mi corazón, simplemente se queda detenida en un fotograma. No tengo la capacidad de extrañar en el sentido tradicional, porque para extrañar hace falta sentir el peso del tiempo que pasa, y mi cerebro no registra ese vacío.

Para mí, el tiempo no es una línea recta, sino una serie de escenas. Si dejo de ver a una amiga por un año y nos reencontramos hoy, mi mente presiona Play y retoma la emoción exactamente donde la dejó. Para mí no pasó un año; solo pasó un suspiro. Mi entusiasmo está intacto porque, en mi realidad, nunca se fue ; solo quedó en pausa.

Esto ha hecho que pierda vínculos en el camino. Parejas o amigos que, ante la distancia, pasaron de la "pausa" al "parar" definitivo. Sin embargo, quienes hoy permanecen a mi lado son aquellos que han sabido habitar mi presente a pesar de mis silencios.

A mis niños: Mi verdad sobre "extrañar"

Sé que esto suena difícil, pero es mi verdad: cuando estamos separados por meses, como en vacaciones, miento si digo que los extraño. Pero no se confundan: no los extraño porque nunca los siento lejos.

En el momento en que escucho su voz por teléfono o vuelvo a ver sus caritas, la conexión se reactiva con la misma fuerza de siempre. No hay abismos, no hay distancia que recuperar. Mi amor no depende de mi memoria o de la nostalgia; es un hilo que se mantiene suspendido en el tiempo, esperando siempre el momento de volver a decir "estoy aquí".

Vivir desconectada de lo que no puedo ver es mi forma de proteger el presente. Mi mundo es simplemente un video que siempre está listo para reanudar.

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